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asdsad
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Enrique Santos Discépolo Ulises Alejandro Dolina Néstor Kirchner Juan José Valle Nicolás Nieto Fernando D...

La baba como continuación del llanto, como una insinuación. Es un lloro rabioso, bien se ve, pero demasiado egoísta; la lágrima no es propia sino ajena: lejos de un dolor completo, central y de la noche, se trata de un dolor por un otro que se muere y es una muerte que acaba, entonces, con el propio plan sacerdotal de la perpetuacón. Dolor, sí. Pero esta vez, nada que ver con la lágrima que se derrama, en silencio y con una montaña empotrada dulcemente en el pecho, por la percanta que nos deja y pisotea las huellas del futuro que se soñó y que no será nunca.
ResponderEliminarAsí, tal cual.
ResponderEliminarGracias.